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Mostrando las entradas con la etiqueta ternura

¡Quítame el ita, no soy tan niña!

Estábamos en la azotea, me presentan a un sujeto por mera cortesía, él me preguntó cuántos años tenía y cuando dije 22 me respondió: eres una bebita. A eso le contesté sin pensar: sí, pero no soy tan niña. Para mi sorpresa esa respuesta no era para la audiencia sino para mis adentros. Ese no soy tan niña retumbó dentro de mí, me cortó el pecho con un cuchillo de cocina afilado, no lo podía creer, yo misma me estaba rebanando la vida. Fueron mis labios, mis palabras, mi estrategia. Era yo, pero contra mi. No volví a prestar atención a lo que decían, me quedé en ese no soy tan niña que logró hacerme revivir, pero no para llorar sino para reelaborar, esas palabras me hacían libre. No sé por qué pero desde que tengo memoria en todos los espacios a los que llego toman por costumbre colocarle a mi nombre el sufijo ita, he aprendido a vivir con eso, siempre me ha llamado la atención pero por ahora no me molesta. Esa noche en la azotea me di cuenta que mi sonrisa, alegrías y sueños ya...

Tengo Suerte!

A veces uno tiene que encontrarse a 4,334. 7 km de casa para darse cuenta de que se es afortunado Empecé el colegio con 4 años ya sabía leer y escribir pero no tenía idea de lo que era recortar o pintar con pinceles. Creo que desde el inicio fui el bicho raro del salón, sólo sentí que deje ser rara cuando llegué a la universidad. Allí un gentío me superaba y yo había experimentado tantas veces el ensayo y error que ya nada me importaba. La gente suele recordar su infancia como la mejor época de sus vidas, yo siento que comencé a vivir a los 12 y me costó un año de terapia honrar mi infancia/pasado. Por dramático que suene me gusta más mi vida desde que mandé a la basura las culpas y empecé a valorar las responsabilidades.  Cuando llegué a la universidad el liceo ya me había hecho fuerte y quitado el miedo al ridículo. No lo sé pero siento que ese mito del ridículo no es más que la excusa de cobardes para no aprender. Una vez mi profesor de francés dijo: "la gente que ti...

Reivindico la ternura.

Hace exactamente 2 años con 4 meses, mientras lloraba producto de un despecho político un amigo me decía "hay que endurecerse sin perder la ternura" en ese momento sentía rabia, impotencia y además culpa por ser honesta y transparente. En el momento esa frase del Che me pareció todo un reto pero al mismo tiempo me sonó a poesía para el alma, fue como que si una voz suave me arrullara. La palabra endurecerse retumbó en mi cabeza y aunque muchas veces había oído esa frase nunca logró quedarse en mi mente tanto rato como esa noche, asociaba endurecerse a ser implacable e inamovible como una roca y la ternura a la inocencia, a la vida recién nacida en cualquiera de sus formas. En aquella frase hallaba el dilema de mi vida y creo que la de muchas otras mujeres sobretodo aquellas que sienten pasión por lo público, pues esa condición te coloca en un espacio atribuido culturalmente a los hombres y por lo tanto la misma cultura te obliga tomar habitus y ritus m...